Agustí Vernedas Mari se asomó a este mundo (aunque no por vez primera) el 17 de agosto de 1958, cuando los montes que rodean al pequeño pueblo pirenaico de Sant Joan de les Abadesses -en la provincia de Girona, situada en el extremo noreste de la península ibérica- están sumidos en la indolencia sosegada de la canícula y se preparan para los revueltos finales de verano característicos de la región, con el sol que todavía presume de su fuerza por las mañanas pero que se esconde tras potentes nubes de tormenta casi todas las tardes.
El resultado de tal alternancia de voluntades celestes, es un espacio de tiempo en el que el clima se muestra suave y agradable y el aire posee una limpieza imposible de describir.
Pese a que, ya sobrepasado el ecuador del siglo, muchos de los natalicios de la época tenían lugar en instalaciones clínicas, el primer berrido de Agustí tuvo lugar en la propia cama de sus padres, en la casa de la estación, donde la comadrona que asistió al parto no pudo impedir que, en un arranque de genio -el primero-, el pequeñajo se apoderara de las tijeras con las que acababan de cortar el cordón umbilical que le unía a una vida más placentera y, quizá en desacuerdo por lo que pudiera venir, se autoinflingió un corte en la barriga (rigurosamente cierto) que acumuló algunas preocupaciones más a las ya habituales en tal situación.
Sin embargo, tras el primer momento de estupefacción y sin abandonar nunca un punto de rebeldía, el autor descubrió muy pronto que en este mundo traidor había dos cosas que se le revelaron como sumamente interesantes: las palabras y las imágenes, por la capacidad que tienen ambas de creación y de comunicación.
En un polvoriento estante, protegidas por su estuche de cartón, dormitan un puñado de diapositivas que guardan la prueba de la temprana vocación que desarrollaría hasta el día de hoy: en una de ellas puede verse a Agustí, con seis o siete años, sosteniendo en su mano una minúscula cámara fotográfica.
A su lado, su hermano Ernesto sujeta un reloj de bolsillo; dado que Ernesto no es hoy relojero, cabe suponer que hay que tomar el reloj como una alegoría del tiempo. El tercer hermano, Jordi, tardaría aún algunos años en llegar.
(Nota técnica: esa diapositiva es obra del padre de la saga. Fue la única vez que utilizó película inversible, y lo hizo por error, pero esas fotografías conservan aún hoy una calidad de color, una transparencia y una estabilidad impresionantes: no en vano se trata de un rollo de la fantástica KODACHROME).
Para abreviar: a los trece años heredó -o, mejor dicho, se apropió alevosamente- la cámara de su padre y empezó a ilustrar sus viajes y salidas de alpinismo. A los quince se incorporó con ilusión al departamento de fotomecánica de una gran multinacional de las artes gráficas (Printer Industrias Gráficas S.A. del grupo Bertelsmann), creyendo -equivocadamente- que su cometido consistiría en fotografiar a los animales salvajes del ancho mundo para las enciclopedias que se imprimían allí. Tras diez años en dicha empresa, decide abandonarla para dedicarse exclusiva y alegremente a vivir de imágenes y de palabras.
Desde ese momento, escribe: artículos -entre ellos: Fotografía Dental, que ha dado pie al libro Iniciación a la fotomacrografía dental-, guiones, reportajes, libros; hace fotografía: publicidad, industria, modelos, viajes, cine; trabaja para televisión: deportes de motor; enseña: fotografía, video, realización; y organiza cursos de fotografía dental.

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